El día que me vi sentada frente a una funcionaria del Ajuntament de Barcelona en una oficina del Poble Sec, pagando 800€ por cuatro multas de tráfico, mi cabeza hizo un clic.
Pasarme, cuatro veces en dos meses, el mismo semáforo en rojo (con radar) a una manzana de la guardería de mi hijo pequeño, era un síntoma de que mi vida estaba desbocada. Descontrolada.
Todos necesitamos un detonante para tomar una gran decisión vital.
Algo fuerte o no tanto, algo que te abre los ojos, que te hace dar el paso: Una separación, un despido, una conversación con un desconocido, una peli o la mirada de una funcionaria de tráfico, pueden encender esa mecha.
Algo o alguien que te hace ver de golpe, que ése no es el camino. Tu camino. Que vas un poco perdida.
Mi día detonante estaba allí. Era principios de noviembre del 2018 (mi annus horribilis). Pagué de una sóla atacada los 800€ sin tener valor de mantener la mirada a aquella mujer. Le di las gracias por no quitarme ningún punto del carné de conducir. Me senté en el primer cafetín que encontré abierto y allí tomé una decisión.
La gran decisión.
Las uvas del 2018, me las tomaba con el nuevo estatus de desempleada.
Llámame radical, reina, pero yo llevaba intentando poner en orden mi vida demasiado tiempo. Sin éxito, a juzgar por los hechos.
Llegaba tarde al trabajo cada mañana, llegaba tarde a recoger a mis hijos al colegio y a la guardería, las chicas en casa me duraban trabajando máximo nueve meses, estaba permanentemente agotada y en mi casa ya no nos hablábamos. Nos chillábamos. Porque todos (incluidos los niños), vivíamos agitados y estresados.
Para ser más exactos, yo hacía que mi estrés y descontrol, afectara al resto de la familia. (Sin culpas, eh…)
A mi favor diré que poner orden en aquella vida de entonces con tres niños pequeños (en dos colegios diferentes), la reforma de un piso nuevo, una mudanza, la incorporación al trabajo después de la tercera baja maternal y una lipo, estando “soltera” de lunes a viernes… pues no era tarea fácil. No hay superwoman ni superfamilia que lo aguante.
Así que decidí que antes de morir estampada en el coche con los 40 recién cumplidos y dejar huérfanos a mis tres pollitos, mandaba a la mierda mi chupi-trabajo en la chupi-multinacional con mi chupi-panda de compis, con quienes había compartido más de 16 chupi-años, los últimos, con más desventuras que aventuras. Me pareció mi única salida.
No fue cuestión de valentía (como muchos me susurraban a la oreja el día de mi despedida en la ofi). No. Fue una cuestión de pura supervivencia. O me paraba yo o la vida me traía una ostia bien grande para pararme ella. Y opté por lo primero.
La Nochevieja del 2018 al 2019, después de semanas de muchos nervios, conversaciones, dudas, indecisiones, culpas, negociaciones… era oficial y definitivamente una desempleada.
El primer paso para retomar las riendas de mi vida.

Que ganas me Dan de hacer algo parecido Patrícia, pero la economia en mi caso manda y no me lo podria permitir! Me alegro un montón de que hubieras tenido la oportunidad de hacerlo y que tu vida haya cambiado para bien. Me encanta tú blog!! Un abrazo.
Sandra,
Gracias por tu mensaje. Yo pude «parar» en seco porque iba directa a estrellarme, pero creo que hay muchas maneras de ir parando, tomando pequeñas decisiones, poniendo límites, cuidando de nosotras suavecito… ánimos y gracias por acompañarme.
Autocuidado.
Te cuento una. Teniendo la espalda jodida me levantaba a las 5:30 para no quitarme tiempo de estar con mis hijos. Un día me dio pereza levantarme e hice “palates” (‘mi pilates casero Ja ja) por la tarde y mi hijo me dijo: ¡jo! mamá no podemos estar contigo.
¡Sentí mi gran error! Debía enseñar más veces a mis peques que yo soy mi prioridad. Porque de ello depende nuestro bienestar familiar, entre otras cositas.
Me gusta mucho leerte.
Totalmente de acuerdo. Lo que pasa es que nos hemos «tragado» la historia de que ser «buenas» madres es estar a entera disposición de nuestros hijos ( y maridos, y padres, y jefes….).
Primero nosotras para poder estar mejor por los demas. Y eso no es egoísmo….
Besos.
Me encana ver que no soy el único que ha tomado una decisión así en la vida… En mi caso es lo mejor que pude hacer. Descansé, me relajé estudié y me reorienté…. A veces es necesario pulsar el botón de RESET y reiniciarse. El sistema arranca limpio y es mucho más ágil.
Carlos, me alegra mucho leerte. Reenfocarse es vital para sentirse más fiel a uno mismo. Un abrazo.