¿Cambiarías algo de tu vida de hoy sabiendo que vas a morir mañana?

Una tarde, hace ya unos meses, mientras conducía de camino al colegio de mis hijos, escuché en la radio una entrevista a Pedro Correa, que me dejó KO el resto del día.

Te cuento…

Pedro Correa, sube en diciembre del 2019 en YouTube un video que le graba espontáneamente un alumno dando una charla en la ceremonia de graduación de la facultad de Ingeniería en la Universidad de Lovaina, Bélgica.

Tres meses después, este video de dudosa calidad y grabado con un móvil, contaba con más de siete millones de reproducciones. Había dado la vuelta al mundo y fue difundido por radios, revistas y portadas de periódicos en Bélgica, Francia, España e Italia.

Esto es lo que sucedió aquella tarde de invierno en aquel salón de actos.

Pedro Correa se dirigía a su jóven y atenta audiencia y les lanzaba la siguiente pregunta: ¿Cambiarías algo de tu vida de hoy sabiendo que vas a morir mañana?.

Buuuummmmm… tortazo en la cara. Y silencio.

Y después de eso, hacía una brillante y coherente disertación sobre temas como: ¿Quiénes somos realmente?. ¿Qué significa hoy en día tener éxito?. ¿Qué nos impide dedicarnos a lo que nos hace felices?. ¿Qué valores promueve el sistema actual y qué efecto tiene en nuestros jóvenes?.

Pero de toda su charla, este mensaje me llegó al corazón: “El mundo ya no necesita luchadores, personas de éxito, necesita soñadores, personas capaces de reconstruir y de cuidar… y, sobre todo, necesitamos todos hoy, más que nunca, gente feliz”.

Big Brother Omg GIF by Global TV

Y esta frase, no viene de un “hippie-hierbas” de la vida (con todo mi respeto a los hippies y a los hierbas…). Viene de un ingeniero de telecomunicaciones y doctor. Un hombre, que no muchos años atrás estuvo en lo más alto de una gran empresa multinacional, con una vida de “éxito” y acomodada y que un día, tras ver morir a su padre por un accidente doméstico (el detonante), dio un cambio radical a su vida, a sus creencias, a su manera de estar en el mundo y decide dedicarse a la fotografía y el arte. Porque eso, SÍ le hacía feliz.

Su discurso, su vida, son una oda a la libertad, al no prejuicio, a la coherencia y al compromiso para consigo mismo.

Su entrevista llegó a mí, en un momento en el que realmente la necesitaba. Un momento de muchas dudas sobre si nuestra vida tiene encaje y cabida cuando decides salir del sistema, cuando te niegas a volver a pasar por ese aro que sabes que te hace daño pero que es donde está la mayoría y cuando decides formar parte activa de esa «revolución pacífica” de la que Correa también habló a aquellos jóvenes y a la que por fin podía ponerle un nombre.

No es fácil ir contra corriente. No es fácil escuchar y hacer caso a tu voz interior. No es fácil tener siempre en mente quién eres de verdad para no traicionarte. Nadie dijo que este camino fuera fácil, pero “el mundo no necesita más luchadores, necesita más soñadores”.

Y como este mensaje me venía tan bien en aquel momento de mi vida, me aferré a él como una náufraga.

Desde entonces, trato de hacerme casi a diario la siguiente pregunta: “¿Cambiaría algo de mi vida de hoy sabiendo que voy a morir mañana?”.

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